domingo, 22 de enero de 2012

Alegato de un barreño cabreado (o mi derecho al pataleo)

Para quien acercándose a este blog lo desconozca, le diré Los Barrios es un municipio situado en el mismísimo sur de España y perteneciente a la gaditana comarca del Campo de Gibraltar, en la comunidad autónoma de Andalucía. Tiene un amplio término municipal de más de 300 km, contando con una amplísima superficie forestal, incluida en su mayor parte en el Parque Natural de Los Alcornocales. También posee un  pequeño frente litoral en la Bahía de Algeciras, en torno al cual encontramos industrias pesadas tales como una acería y una central térmica con sus correspondientes instalaciones portuarias para las carga/descarga de gráneles sólidos. Además existen amplios polígonos industriales y comerciales, así como varias grandes superficies y centros de ocio (Carrefour, Leroy Merlin, Mediamarkt, Cinesa, Bricor, Factory, etc.). Todo el panorama anterior debería hacer creer que a priori se trata de un municipio rico pero sin embargo la realidad actual es muy distinta, motivada por años de dispendio, despilfarro y pésima gestión, que han conducido a la ruina económica del ayuntamiento.
Como barreño me propongo comenzar este humilde blog, para ir dejando constancia gráfica de cómo el que fuera pueblo modelo del Campo de Gibraltar por su limpieza y sus cuidadas calles y jardines, se encuentra en franca situación de deterioro desde hace ya algún tiempo. No es mi intención sumergirme en los oscuros lodazales de la política, que desconozco. Simplemente soy un ciudadano que pago puntualmente mis impuestos (IRPF, IVA, IVMT, IBI, seguridad social, etc., etc., etc.), además de tasas de todo tipo, color, forma y tamaño. Como tal creo que tengo derecho a exigir que se dé a mis dineros el mejor de los usos posibles y como quiera que a la vista de los hechos que acontecen parece que ese deseo está muy lejos de la realidad, y de que aparte de votar cada cuatro años, poco más puedo hacer, me queda al menos la libertad de expresión, es decir, el popularmente conocido como derecho al pataleo.

Conste, y lo digo en alta voz, que no milito ni simpatizo absolutamente con ningún partido político. En política me considero, y lo digo abiertamente y sin complejos, un mercenario, en el sentido de que estoy dispuesto a votar a quien lo haga manifiestamente mejor. Digo esto para que nadie vea otras intenciones.

Ojalá no nos tengamos que resignar a aquello de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

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